La hija del tiempo
Nasgor | September 4, 2009
El despacho era bastante amplio pero, a simple vista, cualquiera diría que era un despacho pequeño. Había una mesa larga llena de papeles y documentos mal ordenados pero que, para su propietario, estaban perfectamente colocados. También había varias estanterías llenas de libros, lo que hacía parecer el despacho más pequeño de lo habitual. Otro rasgo que lo caracterizaba es que el único aparato tecnológico que se podía encontrar en él era un ordenador y, teniendo en cuenta que se trataba del despacho del jefe de la agencia VAT, era un dato poco usual.
En este caso el despacho se encontraba ocupado por dos personas que charlaban amenamente. A pesar de que una de ellas era el jefe de la VAT, lo trataba como a un igual. El jefe era una persona de unos cuarenta años, de pelo negro y corto donde podían verse unas cuantas canas. Su compañero tendría poco más de veinte, era un muchacho pelirrojo y de pelo rizado.
-Jon, Jon, Jon… -dijo pensativo mientras miraba a las paredes del despacho-. Parece mentira que conserves esas antiguallas. ¿No ves la cantidad de espacio que ocupan esos… cómo decías que se llamaban?
-Libros, Ignacio, son libros. Y no pienso deshacerme de ellos. ¿Tú sabes la cantidad de información que puedes obtener de ellos?
-Y, ¿por qué no los microfilmas? Te cabrían todos en un cajón, y todavía tendrías espacio para guardarlos otra vez.
-No, perderían su encanto. Lo que no sé es lo que voy a hacer… -Jon se calló un poco-. No sé dónde los voy a dejar cuando no tenga este despacho.
-Pero, ¿qué tonterías estás diciendo? Nadie va a quitarte el despacho. Lo estás haciendo bien.
-No, Ignacio, no es eso. Yo quiero ser padre, quiero tener una hija.
-Pero… –Ignacio enmudeció-, pero Jon, sabes que eso no es posible. No nos está permitida la descendencia. Sería un desastre si lo hiciéramos.
-Ya, pero existen dos posibilidades. Una de ellas no me vale pero la otra…
-¿Quieres adoptar? ¿Adoptar una niña? –Jon asintió-. Sabes que eso no está bien visto, el consejo no aprobará que el director de la VAT tenga una hija.
-Por eso voy a dejar la jefatura.
Ignacio enmudeció, pero decidió que era preferible no tratar ese tema, pues, si había decidido abandonar la jefatura, lo tenía que haber meditado mucho y no iba a convencerle fácilmente. Así que siguió con el tema de la adopción.
-Pero ya sabes que el tema de selección es un trabajo largo y laborioso.
-Ya lo sé, pero he estado buscando, y tengo la candidata perfecta. Está en un orfanato y no pasará nada por que la extraigamos.
-Tú sabrás lo que estas haciendo –dijo simplemente.
***
El consejo eran cinco personas de edades avanzadas. Todos ellos habían sido alguna vez directores de la VAT. Frente a ellos se encontraban dos personas: Jon e Ignacio.
-¿Así que quieres renunciar a tu cargo por una niña?
-Así es, Ana.
-Sabes que no tenemos permitida la descendencia. No podemos permitir que dos personas de la agencia mantengan relaciones por una razón muy simple. ¿Qué pasaría si dos personas pertenecientes a dos siglos diferentes tuvieran un hijo. La evolución nos cambia y, aunque no es muy apreciable, esos cambios existen. Por eso, en la agencia de Viajes y Arreglos Temporales no está permitida la descendencia.
-Ya lo sé, pero sí, en cambio, la adopción. Yo lo que pretendo es adoptar a una niña.
-Pero eso lleva un proceso muy largo detrás. Hay que determinar a qué personas se puede extraer de la línea temporal sin consecuencias para la humanidad.
-Lo sé, y es un trabajo que ya he realizado. Ya tengo seleccionada a la niña que quiero adoptar. Se llama Laura y vive en el año 2079.
-¿Y se puede saber cuáles son las razones exactas?
-Me encuentro cansado. Llevo ocho años dirigiendo la agencia y toda una vida dedicada a ella. Tengo ganas de retirarme y de vivir mi propia vida. Y me encantaría poder compartir mi experiencia con otra persona… con esa niña.
El consejo estuvo un rato murmurando unas palabras que Jon e Ignacio no pudieron escuchar. Finalmente Ana se alzó.
-Está bien Jon, podrás tener tu hija pero, a cambio, no podrás acceder nunca a un puesto del consejo.
-Bien, renunciaré a mis derechos como director a cambio de la niña esa.
Cuando salieron de la sala, Ignacio le dio una palmada en la espalda y le miró a la cara muy seriamente.
-No sé si alegrarme o preocuparme por ti. Por cierto, como ya no perteneces a la Agencia no puedes ser tú quien la recoja en nombre de la Agencia. Así que voy a solicitar ir yo a buscarla.
-Gracias.
***
Ignacio acudió a la puerta del orfanato el día 12 de agosto de 2079. Era un día caluroso, excesivamente caluroso, pero era el mejor día de la vida de Laura para extraerla del tiempo. Así que entró a la sala de espera y simplemente esperó hasta que llegó un hombre con la niña. Era una niña de unos tres años, castaña y de ojos azules a la que le faltaba una de las paletas.
-Mira Laura. Este es Ignacio. Él va a llevarte con tu nuevo padre.
-Igg –dijo la niña.
Ignacio sonrió y se acercó a donde ella, le pasó el dedo índice por la mejilla, como haciéndole un amago de caricia.
-¿Qué hay, pequeña? ¿Quieres venir conmigo?
-Sí –dijo Laura alegremente-. Laura va con Igg.
***
El funeral terminó con unas palabras de las personas relevantes en su vida. Primero hablaron sus antecesores y prontamente quien lo sucedió. Luego dijo unas palabras su mejor amigo, Ignacio, y, finalmente, su hija, Laura. Laura era ya una muchacha de unos veinte años. No ostentaba el puesto de directora de la VAT por haber sido adoptada por un antiguo director y por haber decidido ella también tener descendencia. En su caso era diferente, las mujeres podían optar a la auto-inseminación para tener descendencia, ya que, en ese caso, no entraría en conflicto la diferencia de eras. En estos momentos Laura se encontraba embarazada de ocho meses y eso hacía que la gente la mirara mal al pasar.
Laura e Ignacio se fueron juntos en un coche oficial de la VAT. En un principio nadie dijo nada, era un silencio largo y pesado, pero no incómodo pues, en todos esos años, Laura había aprendido a querer a Ignacio como a un tío. Finalmente Laura habló:
-Igg –lo llamó por el nombre que le había dado el día que se conocieron, como siempre hacía-. ¿Qué va a pasar ahora? La gente no me respeta. Es más, la mayoría me odia por ser lo que soy. No me tocaban por respeto a mi padre, pero ahora…
-No te preocupes, pequeña. Yo siempre cuidare de ti y de tu hija.
-Lo sé. Gracias.
***
Llegó a los oídos de Laura que un grupo de gente pretendía asesinarla. Las cosas desde la muerte de Jon se habían puesto muy feas y apenas un mes más tarde ya planeaban su muerte. Laura e Ignacio hicieron un plan para salvar la vida de la pequeña, pero Laura estaba condenada. Una niña había nacido muerta en un hospital. Ignacio se hizo con su cadáver y lo conservó. Cuando Laura dio a luz a su bebé hicieron el cambio e Ignacio se marchó con él. No tuvieron tiempo ni de ponerle nombre, pues pretendían matar a Laura antes de que ésta naciera y, aunque por ahora los habían evitado, llegarían en cualquier momento.
Antes de salir, Ignacio miró a Laura con pena en los ojos. Sabía que no la volvería a ver, y su hija nunca conocería a su madre. Salió corriendo hacia las lanzaderas. Tomó una de ellas y se dirigió al año 2076. Sabía que tenía que dejarla en un tiempo similar al de su madre, pero como no recordaba muy bien de qué año provenía y, con las prisas que tenía, marcó la primera cifra que se le ocurrió, esperando haber acertado.
Cuando se introdujo en la línea temporal, acudió al único orfanato que conocía: aquel del que veintitantos años atrás había recogido a Laura. Cuando llegó, intentó dejarla con la mayor rapidez posible. Pero no pudo evitar las preguntas de la dueña de su hogar de acogida, a las cuales respondió con mentiras. Finalmente, antes de recogerla, le hizo una última pregunta:
-¿Cómo se llama la pequeña?
-Pues… la verdad es que todavía no la hemos bautizado… llamadla Laura, como su madre.
***
Laura pasó tres años en el orfanato. La cuidaban bien. Pero, finalmente, un caluroso 12 de agosto le dijeron que habían venido a recogerla. Al principio se sintió asustada. Pero cuando la llevaron junta a la persona que la recogería, algo extraño sucedió: esa persona le inspiraba cariño y confianza. Su profesor le dio un empujoncito y le dijo:
-Mira Laura. Este es Ignacio. Él va a llevarte con tu nuevo padre.
-Igg –dijo la niña.
Ignacio sonrió y se acercó a donde ella, le pasó el dedo índice por la mejilla, como haciéndole un amago de caricia.
-¿Qué hay, pequeña? ¿Quieres venir conmigo?
-Sí –dijo Laura alegremente-. Laura va con Igg.
Relato corto escrito por
Beñat Bustamante Aranguren
Septiembre de 2007






